Orientacion Vocacional. Carreras bien pensadas

orientacion vocacional y escolar

Lic. Pablo Canosa

agosto 4, 2017

Orientacion Vocacional, las carreras duras

Quienes entran en la Universidad tienen cada vez más en cuenta las ciencias duras y a nuevas especialidades como alternativas para asegurarse una promisoria salida laboral al concluir los estudios Alentadas por la demanda laboral y la escasez de profesionales, entre otros motivos, las olvidadas ingenierías y otras carreras relacionadas con las llamadas ciencias duras vuelven a atraer el interés de los jóvenes, que buscan asegurarse un pasaporte al mundo del trabajo. El avance de las mujeres en esas áreas no se queda atrás. “Del año último al actual creció un 10% (promedio) el número de inscriptos en las ingenierías y en carreras relacionadas con las tecnologías, la informática y las ciencias de la tierra. Y ante esta realidad se vislumbra un futuro promisorio porque en los últimos años había disminuido notablemente el interés de los jóvenes por estas carreras”, dice Alberto Dibbern, secretario de Políticas Universitarias del Ministerio de Educación. También se entusiasman en el ITBA, donde este año, con respecto al pasado, tuvieron un incremento de casi el 15% en la matrícula. “Esto es muy auspicioso por la caída de vocaciones tecnológicas que había en el país”, expresa el vicerrector José Luis Roces. Lo mismo sucede en la UTN, donde además se registra un crecimiento explosivo en ciertas tecnicaturas. Según el secretario académico José María Virgili: “En algunas carreras cortas relacionadas con las tecnologías la matrícula aumentó entre un 300 y un 400%”. Otro botón de la muestra: en universidades públicas y privadas, entre 2008 y 2009 el número total de aspirantes en el área de informática trepó de 3110 a 4136 (33%); en Ecología y Ciencias del Ambiente, de 1242 a 1475 (18,8%), y en Ingeniería Civil, de 4572 a 5286 (15,2%), según datos suministrados por el Ministerio de Educación. Y con porcentajes mucho más altos de crecimiento, pero algunas aún con pocos aspirantes, en Geoquímica subió 110% (de 10 a 21); en Ingeniería Energética, 100% (de 37 a 74); en Bromatología, 87,8% (de 450 a 845), y en Ingeniería Hidráulica, 85,5% (de 69 a 128).

Avance de las mujeres en las aulas.

Por otro lado, el avance lento, pero constante de las mujeres en aulas tradicionalmente masculinas no se detiene. Un análisis comparativo entre 2000 y 2007 de la cartera de Educación refleja, por ejemplo, que el número de inscriptas en Ingeniería Industrial ascendió de 835 a 1014, en Ingeniería Química de 831 a 980, y de 55 a 109 en Ingeniería Mecánica. Así, pese a que la gran mayoría de los estudiantes aún se inclina por las carreras tradicionales, aunque -según Dibbern- en algunas como Derecho y algún área de Ciencias Sociales bajó el número de inscriptos, la incipiente tendencia parece venir de la mano del demandante mercado y del impulso que cobró este último tiempo la enseñanza técnica del nivel medio. Así como por la promoción de carreras consideradas oficialmente estratégicas para el desarrollo del país y la aparición de otras nuevas. Justamente, en las carreras más recientes de la UBA, Edith Litwin, secretaria académica de la Universidad, destaca: “Si bien no explotan en matrícula porque necesitan un tiempo de desarrollo y de reconocimiento, permiten ver un movimiento diferente en el interés de los chicos. Por ejemplo, la licenciatura en Ciencias Ambientales en 2006 tuvo 121 inscriptos y 155 en 2008”. Y se complace con la bienvenida que recibieron dos carreras flamantes que se abrieron el año pasado en la Facultad de Medicina y que prometen un futuro laboral atractivo: la licenciatura en Producción de Bioimágenes, que arrancó con 117 alumnos, y el título intermedio de Técnico Radiólogo Universitario, con 870 inscriptos. Al tiempo que ejemplifica otras más antiguas con salida laboral inmediata: “Ingeniería Naval, Geología, Meteorología, Oceanografía y Paleontología -detalla Lutwin- también son carreras en las que la gente tiene trabajo no bien termina y, sin embargo, la matrícula aún es pequeña”.

Para sacarse dudas vocacionales.

Pasar un día con un profesional de la carrera que se quiere seguir puede ayudar a que los chicos confirmen su decisión o busquen a tiempo nuevos rumbos. Eso es lo que ofrece la Universidad Abierta Interamericana (UAI) mediante talleres profesionales gratuitos. “En el ideario del chico que termina el secundario generalmente ganan las carreras tradicionales, cuando hay otras que no conocen o que no comprenden, entonces organizamos talleres en los que se simulan situaciones relevantes relacionadas con la profesión y donde ellos son los protagonistas, guiados por tutores. Y esto les genera un espectro más amplio sobre cómo es el trabajo, las posibilidades de inserción laboral, por ejemplo”, dice Marcelo De Vincenzi ,vicerrector de Gestión y Evaluación de la Universidad Abierta Interamericana (UAI). Aliento para estudiar “En momentos de crisis, los estudiantes buscan generalmente aquellas carreras que les aseguran la inserción laboral. Y en las ingenierías, la informática es la que genera más atractivo porque la revolución tecnológica nos está marcando un nuevo paradigma y porque está a la vista la necesidad insatisfecha de ingenieros informáticos. Entonces, los jóvenes ven la carrera como una vía segura para desarrollarse”, explica De Vincenzi.

El problema de dejar a las carreras universitarias por la mitad.

Por otro lado, las tentadoras ofertas laborales para quienes aún no se recibieron pueden ser un arma de doble filo. Pues, como advierte Marcelo De Vincenzi, “muchos alumnos abandonan sus estudios y después quedan estancados en la organización porque no pueden ascender sin el título. Por eso la Cámara Argentina de Software, por ejemplo, creó una comisión para alentar a los empresarios a que las ofertas que se hacen a los estudiantes contemplen que terminen su la carrera”.

Becas de Estudio.

Otro tipo de apoyo para quienes se orientan por carreras vinculadas con las nuevas tecnologías de la información es el programa nacional de Becas TIC del Ministerio de Educación y la Secretaría de Políticas Universitarias. “Actualmente -precisa Dibbern- hay asignadas unas dos mil becas y la inscripción, con más de 10.000 postulantes, superó ampliamente las posibilidades. Realmente, hay un importante número de jóvenes interesados en estas áreas.” El beneficio por alumno arranca con 5000 pesos anuales y termina con 12.000, y es para aquellos que cursan en universidades nacionales y provinciales licenciaturas en Análisis de Sistemas, Informática, Computación, e ingenierías en Sistemas, Informática, Electrónica, Telecomunicaciones, por ejemplo ( www.me.gov.ar ). Por otro lado, el programa nacional Becas Bicentenario, que se lanzó el año pasado y contó con más de 40.000 postulantes, también apunta a fomentar el estudio de más de 300 carreras – universitarias, profesorados y tecnicaturas- en las ramas de Ingeniería, Ciencias Naturales, Ciencias Agrarias, Ciencias Aplicadas y Ciencias Exactas. Las más elegidas por los jóvenes, las ingenierías Industrial, Agronómica, Civil y Química, seguidas por las licenciaturas en Bioquímica, Veterinaria, Biología, y las tecnicaturas informáticas. “La convocatoria fue muy exitosa y una grata sorpresa por la presentación de muchos postulantes para profesorados de Matemática, Física, Química y Ciencias Biológicas”, dice, satisfecho, Pablo Elicegui, coordinador del programa. Las becas para carreras universitarias empiezan con $ 800 mensuales por alumno y terminan en $ 1200, y para profesorados y tecnicaturas, de $ 350 a $ 500 por mes. Están destinadas a egresados de escuelas secundarias estatales, de hasta 25 años, provenientes de hogares de bajos ingresos. Quienes egresan de escuelas técnicas públicas sin adeudar materias tienen acceso directo al beneficio ( www.becasbicentenario.gov.ar ).

Analisis de las tensiones generadas por los padres en los procesos de orientacion vocacional.

Padres y tensiones a la hora de elegir una carrera Dos especialistas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) analizaron las situaciones que experimentan los jóvenes antes de ingresar. Las influencias familiares y los miedos de seguir lo más conveniente pueden opacar la idea de apuntar a una opción de grado por convicción y gusto propio Estar a un paso de tomar una de las decisiones más importantes y sentirse cargado de tensiones. Saber en el fondo que a veces se trata de negociar entre lo que piensa papá, las inclinaciones personales y el comentario de la tía. Y para colmo, hay que optar ahora mismo. Porque las empresas cada vez buscan gente más joven. Parecen demasiadas presiones para tener sólo 17, pero situaciones así viven miles de jóvenes todos los años cuando se trata de saber qué carrera universitaria elegir. Para despejar dudas y aclarar algunos conceptos sobre las influencias de los padres en la elección, el periódico Hoy la Universidad consultó a dos especialistas de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). “Los padres y la familia en general, tienen una influencia fundacional en la problemática, ya que muchos jóvenes centran su esfuerzo en torno a una idea que está instalada en toda familia, la del progreso familiar, que hoy significa tener una profesión”, especifica desde un comienzo Omar Bertocco, integrante del Departamento de Orientación Vocacional de la UNC. Para el licenciado en psicología, más allá de una aparente liberación de las “genealogías profesionales”, esto es, de aquellas familias ligadas en su identidad con alguna profesión en particular, subyace el mandato familiar de emprender una carrera universitaria. Por su parte, Roxana Mercado, miembro del Área de Investigación Académica del Centro de Estudios Avanzados de la UNC, las familias van estimulando ciertas disposiciones que luego se vuelven reales para los hijos y que apuntan a un proyecto familiar. “Una serie de negociaciones se despliega entre padres e hijos -puntualiza Mercado- con el objetivo de ver qué carrera es la más indicada para resguardar los capitales familiares, que no son siempre económicos sino también simbólicos y sociales”. En virtud de estos elementos, la autora de la tesis de maestría “Un análisis sobre el ingreso como un aporte para pensar la deserción estudiantil” entiende que la elección de una carrera tiene que ver con la historia del individuo y, fundamentalmente, con la de su familia. En relación con su colega, Omar Bertocco sostiene que las influencias son inevitables en todo contacto social, sin que esto sea un hecho negativo en esencia. Sus efectos son también necesarios para desarrollar intereses, aptitudes y hasta un campo de conocimiento sobre la profesión. “El problema aclara Bertocco- es cuando la persona convierte a las influencias en mandato; porque aparecen como el único camino para satisfacer los deseos y ser parte de la familia, para sentirse identificado con los padres o, incluso, para cambiar la historia”. Al parecer, muchos de los jóvenes que participan de los grupos de orientación y de reorientación vocacional en la UNC niegan ser presionados por sus padres. Sin embargo, con el acompañamiento reconocen que la influencia es mucho más amplia que la presión ya que guarda una mayor relación con los deseos que la familia deposita en la persona que con la imposición de obligaciones. Bertocco es claro: “La influencia se despliega por vías inconscientes; no es lo que los padres les obligan a hacer a sus hijos, sino lo que éstos se imaginan que a sus padres les gustaría que hicieran”. De acuerdo con Hoy la Universidad, el influjo familiar se hace presente también en aquellos hogares donde no hay una tradición de profesionales, ya sea porque los padres no iniciaron estudios universitarios o porque no pudieron completarlos. “En estos casos ?indica Bertocco-, el planteo se da a la inversa. El mandato ya no es hacer una carrera ni recibirse, sino cambiar la historia familiar y los chicos sienten que el desafío es descubrir hasta dónde pueden llegar”. Las presiones de un campo de batalla En los grupos de orientación vocacional, Bertocco observa ciertas constantes que dan forma a la visión que los jóvenes tienen de la carrera universitaria y que influyen, por lo general de manera perniciosa, en su desempeño. En primer lugar, abundan términos “bélicos” en su discurso, como “tener armas para defenderse en el mundo del trabajo” o “progresar para salir a pelear”. Todo esto atravesado por ideas como la de “competitividad”, donde los estudiantes observan que la cantidad de profesionales es siempre mayor a la oferta de trabajo, lo que los mueve a planear estudios de posgrado aun cuando no han alcanzado la mitad de la carrera. A esta noción de que el título de grado se convierte sólo en una base (el “arma” mínima indispensable para acceder al primer trabajo) se suma un elemento fundamental: la urgencia por recibirse. Bertocco sintetiza el esquema que construyen los ingresantes: “Tengo que elegir bien una carrera porque debo recibirme joven para entrar en el mercado laboral rápidamente y, si pierdo uno o dos años en malas elecciones, quedo en una situación de desventaja con respecto a los otros jóvenes que se van a recibir en tiempo y en forma”. La presión se vuelve más angustiante para quien, además, está confundido. “Al joven de 17 o 18 años que está terminando la secundaria se le presenta el mandato de elegir una carrera ?para toda la vida?. Cuando dimensionan lo que esto significa, se asustan, sobre todo si entendemos que, hasta el momento, ese chico sólo tuvo que demostrar madurez para discutir elecciones más simples, como ir a bailar o la hora para regresar a casa”, ejemplifica Bertocco. Esta realidad se hace más evidente con los jóvenes provenientes del interior, afectados por la idea de “fracaso”. Volver a su localidad de origen suele implicar que pierdan su “única chance” y, con ella, el pasaporte para establecerse en Córdoba. En este marco, Roxana Mercado observa que los padres se encuentran “en el abismo”, a veces auspiciando elecciones, a veces cercándolas para evitar que sus hijos se dispersen. Esto se debe a que, como lo plantea la investigadora en su tesis, sus decisiones no están afirmadas sino que se manejan sobre un campo de dos o más carreras posibles. La falta de información es también un factor clave, sobre todo en las poblaciones del interior, donde la injerencia de los padres apunta hacia las carreras tradicionales. Bertocco considera que las nuevas alternativas del mercado educativo se eligen con la idea de que se trata de carreras menores, con un prestigio inferior al de aquellas carreras “más importantes” que conocían en su pueblo o provincia. Por último, el psicólogo les recomienda a los padres hacer un esfuerzo por darles a sus hijos la oportunidad de que se equivoquen, ya que la mayoría de los aprendizajes significativos en la vida surgen luego de enfrentar situaciones difíciles. Bertocco está convencido que el único indicador confiable para elegir una carrera pasa por los gustos e intereses. “No por una mirada romántica que tengamos los orientadores, sino por una cuestión bien pragmática”, explica. “El único indicador que tengo para ser capaz y efectivo es hacer eso que me gusta, porque ahí es donde voy a poner todo lo mío, mi creatividad, mi mejor esfuerzo”, finalizó el especialista consciente que “en los intereses, en los gustos, está la llave de una elección gratificante”.

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